Me encuentro ocasionalmente con ideas reveladoras. Las leo y noto como si un grupo de neuronas aletargadas se activasen de repente, haciéndome pensar en algo en lo que no había pensado antes.

La última la he leído en el artículo de Jeff Atwood “Strong Opinions, Weakly Held“, algo así como “Opiniones firmes, mantenidas débilmente”. El artículo es una defensa frente a otro artículo, “Blogging Horror“, que acusa a Jeff Atwood de haber perdido credibilidad emitiendo opiniones desinformadas sobre diversos temas relacionados con la programación. Esta discusión tiene una ramificación española, a través de una entrada en VELOCIDAD DE ESCAPE, que apareció en la portada de menéame y fue contestada por Ricardo Galli, entre otros.

El título del artículo de Atwood se refiere a una idea expresada en otro artículo del mismo nombre, cuya idea central se resume en este párrafo:

A couple years ago, I was talking the Institute’s Bob Johansen about wisdom, and he explained that — to deal with an uncertain future and still move forward – they advise people to have “strong opinions, which are weakly held.” They’ve been giving this advice for years, and I understand that it was first developed by Institute Director Paul Saffo. Bob explained that weak opinions are problematic because people aren’t inspired to develop the best arguments possible for them, or to put forth the energy required to test them. Bob explained that it was just as important, however, to not be too attached to what you believe because, otherwise, it undermines your ability to “see” and “hear” evidence that clashes with your opinions. This is what psychologists sometimes call the problem of “confirmation bias.”

que traducido por mí dice:

Hace un par de años, le estaba hablando a Bob Johansen [del Instituto de para el Futuro de Palo Alto] sobre la sabiduría, y él me explicó que – para tratar con la incertidumbre del futuro y aún así seguir avanzando – recomendaban a la gente que tuviese “opiniones firmes, que se mantuviesen de forma débil.” Llevaban dando este consejo durante años, y por lo que entiendo había sido inicialmente desarrollado por el director del Instituto Paul Saffo. Bob me explicó que las opiniones débiles eran problemáticas porque no inspiran a la gente a desarrollar las mejores ideas posibles para ellas. Bob me explicó que era igualmente importante, sin embargo, no sentirse demasiado ligado a tus ideas porque, de otra forma, socava tu habilidad para “ver” y “oír” las evidencias que choquen con tus opiniones. Es lo que los psicólogos llaman a veces el problema del “sesgo de confirmación.”

Cuando expreso una opinión en un ambiente formal (en el trabajo, en una discusión seria…), siempre intento hacerlo dejando claro que esa opinión se aplica a un ámbito concreto, que es posible que sea errónea en casos que no he contemplado y que por lo tanto admite matices y condicionantes, y que se basa en el conocimiento necesariamente limitado que tengo sobre el asunto en cuestión. Nunca se me había ocurrido que esa forma de actuar puede estar, a veces, equivocada.

No sé si cambiaré mi forma de opinar, pero me lo pensaré dos veces antes de llamar dogmático a quien exprese sus ideas con demasiada firmeza.