Una de las consecuencias del boom de esta cosa llamada Web2.0, en la que las aplicaciones web se cuentan por cientos o miles, es la necesidad de mantener un usuario con su contraseña para cada uno de esos sitios. Tenemos que elegir entre memorizar varias contraseñas y recordar dónde se usa cada una, o bien, como suele ser más común, utilizar el mismo usuario y contraseña (quizás un par de ellas) para todos los sitios que frecuentamos. Esta última opción es bastante peligrosa, pues basta con que alguien con malas intenciones nos capture una contraseña (y a veces no por nuestra culpa) para que todas nuestras cuentas queden expuestas.